El 2cv de un cooperante

DOS CABALLOS EN MAURITANIA


Hola, soy Alfonso.

El de la foto se llama Abderramán, y es un amigo mauritano que aprecia el 2CV tanto como vosotros ¿Que qué diablos hago yo en este país? Hasta hace poco he estado encargado de un laboratorio para el cultivo «in vitro» de palmeras datileras, colaborando con la ONG Món-3, adscrita a la Universidad de Barcelona. Una organización sin muchos recursos, aunque ese no es el motivo de que sus vehículos sean tan espartanos.

En realidad el coche es mío. Lo adquirí el verano pasado, cuando decidimos marcharnos de vacaciones al Senegal. Alquilar un coche por esas latitudes es tremendamente caro, por lo que opté por comprarle el 2CV a Jean Marc, un artesano francés nacido en Argelia y actualmente afincado en Nouakchott (capital de Mauritania) por motivos políticos. Pero esta es otra historia...

El caso es que Concha, la responsable del laboratorio de la unidad de pediatría que Médicos del Mundo tiene en la capital, había acabado su periodo de trabajo y decidimos embarcarnos juntos en esta aventura. Bueno, en realidad sólo pensábamos llegar hasta San Louis (Senegal) dado el lamentable estado de NiokoloKoba, que así lo bautizó ella, y desde allí llegar a Dakar en tren.

Pero a medida que los kilómetros transcurrían, el coche se animaba y nosotros con él. Así que después de pernoctar en la capital del antiguo Sudán francés, decidimos cambiar el caballo de hierro por el dos caballos y marcharnos hasta el destino de tanto rally por nuestra cuenta y riesgo. Sí, si a estas alturas alguien se lo pregunta, estábamos enamorados. Y cómo. Sólo se vive una vez... El caso es que, después de algunas visicitudes y dos días de viaje, nuestro sufrido amigo belga (ese parece ser su origen) llegó a la metrópoli con nosotros dentro.

Dakar es enorme, y no muy seguro, por lo que nosotros, acostumbrados ya a la baja densidad de población que caracteriza al desierto, decidimos dirigirnos hacia Malí y conocer la región de Tambacunda, rica en vegetación y fauna salvaje. Pero en estas latitudes el verano coincide con la época de lluvias, y la zona estaba inundada, por lo que cambiamos de rumbo y nos dirigimos a Guinea Bissau.

Nuestro destino final era la Casamance, región selvática del Senegal (el resto es sahel) que se caracteriza por la amabilidad de sus paisajes y sus gentes. Hasta no hace mucho era un destino muy apreciado por el turismo francés, pero un movimiento independentista hizo desaparecer a varios turistas de esta nacionalidad y las embajadas europeas, tan prudentes como de costumbre, recomiendan no pisar la zona. Pero nada mas lejano de la realidad. Aquello es el paraíso, quizás por eso está prohibido. Y si alguna vez tengo que desaparecer, no se me ocurre mejor sitio.

Pero no es tan fácil perderse, y nosotros, como otros muchos, tuvimos que regresar. Volvimos en transbordador desde Zinguichor, capital de la región, hasta Dakar, y desde allí por tierra a Nouakchott, atravesando nuevamente los impresionantes bosques de baobabs que tapizan el camino. Y otra vez el desierto. Y la soledad. Hoy, casi un año después de aquella aventura, regreso a Mauritania. Pretendo llegar hasta Oualata, ciudad milenaria situada el extremo este del país y en otra época importante centro comercial y cultural situado en las rutas caravaneras que atravesaban el desierto. Hoy vive una lenta agonía y deseo verla antes que desaparezca, como tantas otras. Ya os contaré.

Alfonso Sanz